Guía Turística de Oaxaca
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Fotografías
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Viacrucis en Semana Santa
Traje del Istmo de Tehuantepec
Traje del Istmo de Tehuantepec
Elaboracin de textiles
Artesanos
Tapetes de Teotitln
Tamales
Puesto de pan
Puesto de frutas
Puesto de dulces
Puesta de Sol
Semana Santa en Oaxaca
Las Bahas de Huatulco
Playa Zipolite
San Jernimo Tlacochahuaya
Vista de las Peitas
Pan de yema y chocolate
Paisaje del Punto Ixtln
Paisaje de la Sierra
Noche de rbanos
Nios msicos
Mujeres del Istmo de Tehuantepec
Mujer mixe
Mujer mazateca
Mujer de Santa Mara Huazolotitln
Montaas
Mixes en la Guelaguetza
Mezcal oaxaqueo
Mercado de Tlacolula
Vendedora en el Mercado de Ocotln
Mscara de madera
La Guelaguetza
Kiosco de Etla
Detalle de Santo Domingo
Hotel Antonio's
Hacienda La Soritana
Grecas de Mitla
Gente en el Auditorio Guelaguetza
Vendedora en la Guelaguetza
Grana cochinilla
Foto area de Monte Albn
Fiesta de la Virgen de la Soledad
Fachada de Santo Domingo de Guzmn
Ex-convento de Huitzo
El mole oaxaqueo
El cielo oaxaqueo
Ejutla de Crespo en la Guelaguetza
Ejutla de Crespo en la Guelaguetza
Pintura de arena
Chinas Oaxaqueas en Guelaguetza
Capilla abierta de Teposcolula
Caf de Olla
Caballos
Vista area de la Baha de Puerto Escondido
Artesanas en la Alameda
Altar de muertos

Oaxaca "Hechizo, Encanto y Memoria"

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Posee cumbres de ms de tres mil metros de altura (casi diez mil pies), cavernas que se encuentran entre las ms profundas del mundo, playas vrgenes, selvas escondidas y valles luminosos que acogen poblaciones donde se funden, como en un crisol, las culturas de todos los pueblos que han pasado por su piel, zapotecas, mixtecos y los catorce restantes grupos tnicos que an conservan su cultura y sus costumbres; hasta los espaoles. En fin, Oaxaca es el estado ms diverso de Mxico.

Segn la tradicin mixteca, una persona sana es alguien que est contenta, serena, con ganas de trabajar y de comer; le brillan los ojos y no tiene inconvenientes con su familia, vecinos o autoridades. Cualquier individuo puede alcanzar tal estado de salud. Lo difcil es hacerlo lejos de Oaxaca, de los valles, las playas, los mercados, las fiestas, las lenguas, los misterios y la luz de Oaxaca.

A sus costas arriban cada ao miles de tortugas marinas, no muy lejos de los centros tursticos de Bahas de Huatulco o Puerto Escondido, donde turistas de todo el mundo disfrutan en hoteles de superlujo de las clidas aguas del Pacfico. Oaxaca cuenta con dos lugares declarados por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad --el Centro Histrico y la zona arqueolgica de Monte Albn--, atesora riquezas prehispnicas y coloniales sin parangn en Mesoamrica, disfruta de todos los rasgos del progreso --comunicaciones, transportes, sanidad--, especialmente en su capital, y, sin embargo, an no ha perdido ese aire de inocencia que la caracteriza, de comunidad anclada en un tiempo gozoso, que debe, sobre todo, a la fuerte presencia de sus poblaciones indgenas: diecisis grupos tnicos que hablan ms de ciento cincuenta variantes dialectales, cuidan con orgullo de sus tradiciones y modos de vida y aportan a Oaxaca pluralidad cultural y la mayor de sus riquezas: su gente.

Cerca de la capital, la Ciudad de Oaxaca, se levanta el rbol vivo ms antiguo del mundo: el Arbol del Tule, un sabino que mide 42 metros de permetro y sobrepasa los 2. 000 aos de edad. El rbol ha sido testigo de gran parte de la historia de Oaxaca. Apenas comenzaba para Occidente la era cristiana cuando en Monte Albn ya se alzaba un emporio cultural de primer orden, una ciudad habitada por sabios, guerreros, astrnomos y agricultores que rega los destinos de las gentes de las nubes, ms tarde conocidas, en lengua nhuatl, como zapotecas. Los zapotecas crean que el mundo estaba gobernado por una fuerza suprema sin principio ni fin, incognoscible y todopoderosa. La mxima divinidad, el hombre y la naturaleza formaban una unidad indisoluble y sus relaciones deban ser de mutuo respeto, equilibrio y agradecimiento. Un calendario solar de 365 das marcaba el paso de los aos y las estaciones, mientras que otro calendario, ritual, de 260 das, codificaba las claves de la vida y los perodos en que el mundo se destrua y renovaba, como sacudido por un fuego csmico purificador.

Al declive de la cultura zapoteca sigui el auge de la mixteca, desplazada, a su vez, por el empuje de los aztecas, sin que ninguna llegara a extinguirse por completo. Cuando los espaoles llegaron a Oaxaca se encontraron con un mosaico de culturas extendido sobre un territorio agreste y habitado por pueblos cuya vida vena dada por el cumplimiento de sus ritos y tradiciones. En 1524, Hernn Corts se queja por carta al Rey de Espaa del freno hallado en Oaxaca a su empeo conquistador. "Esta tierra --dice, refirindose a los valles ocupados por mixtecas y zapotecas-- es tan montaosa que no puede ser cruzada ni siquiera a pie." En cuanto a sus gentes, Corts relata que envi por dos veces tropas contra los indgenas, "pero fueron incapaces de hallar victoria porque sus guerreros eran muy fieros y bien armados". Pocos aos despus, Corts, hechizado por Oaxaca, confesara su pasin por las mismas tierras que le parecieron speras y salvajes. "Bendito sea Dios que me permiti conocer estos lugares", dijo el espaol, quien obtuvo del Rey, para s mismo, el marquesado del Valle de Oaxaca.

En la poca colonial, Oaxaca lleg a ocupar un lugar prominente en el desarrollo de la Nueva Espaa. Las estancias de ganado mayor provean de lanas a los telares de Puebla, las haciendas cultivaban caa de azcar con la que se elaboraban los ms afamados dulces del virreinato, se criaban los mejores caballos del continente, se explotaban el oro, la plata y los tintes derivados del empleo de la grana cochinilla, y a los puertos de Huatulco y Salina Cruz arribaban los tesoros de Per, Guayaquil y Guatemala y las sedas, telas y especias cargadas en Filipinas. El desarrollo de las ciudades, puertos, ingenios e industrias, implantado en paralelo con las glorias y miserias de la tarea evangelizadora, no derroc el sistema de creencias y modos de vida de las comunidades indgenas, que integraron sus viejos valores, sin apenas modificarlos, con los smbolos y prcticas de la nueva fe. En 1577, el obispo de la dicesis de Oaxaca, Fray Bernardo de Alburquerque, narra a Felipe II las dificultades de su tarea en una tierra donde los indios hablan 22 lenguas, viven "ms derramados y esparcidos" que en Vizcaya y en Navarra y "maman las idolatras de los pechos de sus madres".

De padres a hijos, el pasado prehispnico se ha transmitido siglo tras siglo y pervive y se manifiesta en las fiestas, los mercados, la msica, la ropa, el habla y la gastronoma; en la importancia concedida, an, al trabajo comunal, a los ritos de intercambio, a la ayuda recproca; y en la estrecha vinculacin entre la vida cotidiana y los rituales que alcanzan la esfera de lo sagrado.

La tradicin, el ritual y la magia se expresan en las danzas, el medio secularmente empleado para propiciar y dominar la voluntad de las potencias misteriosas, segn el anlisis realizado por la investigadora Doctora Margarita Dalton. En cada comunidad, los consejos de ancianos, los cabildos y las gentes de sabidura se han preocupado de mantener y alimentar las costumbres relacionadas con las danzas y su msica, que, necesariamente, acompaan al hombre cuando tiene que actuar sobre las fuerzas del universo para propiciar la lluvia, la caza o las buenas cosechas; cuando celebra las bodas, acoge a los recin nacidos o despide a los muertos. "El danzante --dice la doctora Dalton-- no baila para su diversin o para la del pblico: sus danzas son una plegaria que invoca el apoyo de las fuerzas supremas que l considera dominan el mundo".

Las danzas, que varan en cada regin y en cada comunidad, evocan ritmos extraos y profundos, aunque a menudo vayan acompaadas por msicas reconocibles, nacidas, tal vez, en Mrida o en Durango, en Npoles o en Zaragoza. Las mscaras sirven al danzante para tomar la personalidad del toro, el tigre, el europeo o el mismo diablo. Los atuendos son el orgullo de su propietario y la nota ms colorista, brillante y distintiva no ya de los bailarines, sino de todas las comunidades indgenas y del propio Oaxaca.

Los vestidos tradicionales sorprenden y cautivan. En sus diseos, colores y texturas se mezclan las tcnicas coloniales, los smbolos indgenas y el embrujo y colorido de las sedas llegadas de Oriente. Hay holanes flamencos, puntillas de bolillos, grecas con los misterios de Mitla, batistas recamadas y linos trabajados a la moda espaola del siglo XVII. Cada puntada revela una idea y un trabajo. Los colores se obtienen de la naturaleza: el rojo, de la grana cochinilla, insecto que vive en el nopal y que, una vez triturado y hervido, proporciona hasta diecisis tonalidades de color; el azul, del ndigo, nacido de la fermentacin del ail; el negro, del huizache; el amarillo, del musgo de roca; y el prpura, de un tipo de caracol marino que se captura, se ordea y, una vez utilizada su esencia para obtener el mgico color, se devuelve al mar.

El escenario ms apropiado para lucir y observar, ensear y compartir, se encuentra en las fiestas. En Oaxaca se celebran todas: Navidad, Pascua, Todos los Santos, la Constitucin, el Da del Trabajo, el Da de la Virgen (cada pueblo tiene su Virgen) o su santo local, los hroes nacionales, las victorias y derrotas histricas, la Semana Santa y, por supuesto, Ao Nuevo. Hay das especiales para festejar a los maestros, los carteros, los doctores o los periodistas. A todo ello se aade que cada barrio tiene su festejo comunal y cada familia tiene sus respectivos nacimientos, bautismos, confirmaciones, bodas y entierros, adems de celebrar a las quinceaeras, que se engalanan para presentarse en sociedad al cumplir la edad del cambio.

La fiesta mayor de Oaxaca, la Guelaguetza, es la forma institucional de la reciprocidad. Los dos primeros lunes posteriores al 16 de julio, representantes de cada comunidad celebran en Oaxaca una fiesta cuyo nombre significa regalo u ofrenda mutua, manifiesta signos y claves de la tradicin prehispnica y adorna con msicas y bailes el momento de compartir las cosechas y actividades de cada regin: ejemplares de pias, mangos, sarapes, cestos, bebidas, panes y caf llueven sobre los asistentes como smbolo de la disposicin general a compartir, intercambiar y sobrevivir unidos.

El lugar por excelencia del intercambio es el mercado. El escritor D. H. Lawrence, que vivi en Oaxaca, entiende los mercados oaxaqueos como un espacio ideado para la comunin de las gentes. "Los hombres --escribe en su obra Da de Mercado en Oaxaca-- han inventado dos excusas para acercarse a comulgar libremente en turbas heterogneas y sin sospechas: la religin y el mercado. Una brazada de lea, una manta, unos cuantos huevos y tomates son suficientes para vender, comprar, regatear y cambiar. Cambiar sobre todas las cosas contacto humano. sta es la razn de su amor al regateo, aunque la diferencia sea 00000 un centavo".

Los mercados se suceden y se multiplican. Domingo en Tlacolula, lunes en Miahuatln, martes en Ayoquezco, mircoles en Etla y Zimatln, jueves en Ejutla y Zaachila, viernes en Ocotln, sbado en Oaxaca. Los puestos se alinean y organizan por gremios, costumbres, familias o simples azares. Mujeres envueltas en sus prodigiosos huipiles gobiernan la mayora de los puestos, dedicados a vender, cada uno, por lo general, una sola gama de productos, de modo que hace falta recorrer todo el mercado para obtener una completa representacin del mundo.

Corts amaba los mercados oaxaqueos, cuyo origen quiz se encuentre junto con el de la primera cosecha, el primer afn. El espacio principal de Monte Albn es una plaza, un asiento de mercado. Los espaoles levantaron la Ciudad de Oaxaca sobre un eje en el que se organizaban el poder pblico, el poder religioso y los mercados. Comprar, vender, cambiar y, sobre todo, comulgar.

Los templos coloniales tuvieron que competir, de un lado, con la explosin de vida de los mercados, y, de otro, con una naturaleza exuberante, cuyos colores y formas no eran imaginables en la sobria Espaa. Los templos deban ser ms altos que los sabinares, ms grandes que los mercados, ms ricos que la mejor de las minas. Y as son. Tal fue su locura. En 1546, Gonzalo de las Casas, pariente lejano de Corts, hizo venir de Espaa a Francisco Becerra Trujillo, autor del primer proyecto de El Escorial, para que dirigiera las obras de la iglesia de Yanhuitln. Seis mil indios trabajaron sin descanso durante veinticinco aos en esta construccin, de prodigiosa factura, rematada con magnficos artesonados de inspiracin rabe; direccin espaola y elaboracin indgena.

El barroco espaol encontr un perfecto asiento para sus geniales desmesuras en Oaxaca. El ejemplo mximo quiz sea el templo de Santo Domingo, en la capital, pues no en balde fue el dedicado al patrono fundador de la Orden que ms se distingui por su tarea evangelizadora en estas tierras. El retablo, monumental, joya entre las joyas coloniales, es de oro.

Los dominicos extremaron su celo constructor por todas las tierras del Valle y especialmente en la Mixteca. En Cuilapan reunieron todos los estilos arquitectnicos de la Europa renacentista. En Tlacolula llegaron a forjar el plpito en hierro. En Teposcolula existe una capilla abierta, considerada como una obra maestra, luminosa y genial.

Fue tambin un dominico, Fray Jordn de Santa Catalina, quien fund la iglesia de San Jernimo Tlacochahuaya, a la que quiso ajena a las riquezas del resto de la Orden y entregada por completo a la meditacin. Sus celdas son, por tanto, lbregas, bajas y oscuras. En ellas consumi 25 de sus cien aos de vida Fray Juan de Crdoba, de quien se dijo que jams toc moneda alguna, slo calz zapatos para decir misa y escribi el primer diccionario en lengua zapoteca. Los indios de la regin le siguen considerando un santo.

Oaxaca, tierra de visionarios, iluminados, artistas, soadores y poetas. El filsofo Nietzsche quiso vivir en Oaxaca. El surrealista francs Andr Pieyre de Mandiargues so, despus de haber amado a las mujeres de Tehuantepec, con un pequeo ngel femenino que se le apareci envuelto en una resplandeciente armadura sobre un campo de azucenas. John Lennon visit las altas cumbres de Huautla, la sierra de los honguitos que conectan con la divinidad y las cavernas que alcanzan el centro de la Tierra. Benito Jurez naci en Guelatao, Ixtln, Oaxaca, el 21 de marzo de 1806 y Porfirio Daz, que fue Gobernador del Estado, preguntaba todos los das a su esposa, Doa Carmelita, en su exilio de Pars, qu nuevas haba de Oaxaca, cmo era posible vivir sin la luz y el cielo de Oaxaca, sin las fiestas y los mercados de Oaxaca, sin la comida de Oaxaca.

En la avenida del Bosque, en Pars, Don Porfirio abominaba la comida francesa y echaba de menos la riqueza, la imaginacin, la variedad y la potica de la cocina oaxaquea. Oaxaca es la tierra de los siete moles, el quesillo, las carnes cocinadas bajo tierra, los tamales ms deliciosos de Mxico, los dulces ms increbles, el chocolate atole, el caf de olla, el pan amarillo y todas las variedades imaginadas e imaginables del maz. El antroplogo Kent Flannery sugiere que pudo ser el Valle de Oaxaca el primer lugar de Amrica donde se llev a cabo la domesticacin y el cultivo del maz. La historia dice que la cocina oaxaquea slo se explica desde el mestizaje de las tradiciones indgenas autctonas, la suntuosidad de las mesas aztecas, el barroquismo colonial, una tcnica compleja y el aadido de un ingrediente indispensable que empieza a ser inusual en el resto de las cocinas del mundo: tiempo.

Cada plato oaxaqueo encierra muchas horas de trabajo frente a los fogones. Los tamales, por ejemplo, exigen lavar, asar, remojar las hojas del envoltorio, tostar y moler los chiles, cocer, descabezar y martajar el maz, guisar el relleno, embarrar, rellenar, preparar el recipiente para su cocimiento, doblar, atar, acomodar, cocer y, finalmente, servir. El escritor Italo Calvino slo se explica los lujos de la cocina oaxaquea atribuyendo a las monjas de los conventos coloniales la paternidad de tan complicadas recetas. "Vidas enteras --escribe Calvino en Bajo el Sol Jaguar-- dedicadas a la bsqueda de nuevas mezcolanzas de ingredientes y variaciones de dosis, a la atenta paciencia combinatoria, a la transmisin de un saber minucioso y puntual". Huspedes de una arquitectura sagrada, especializada en sensaciones excesivas y desbordantes, mujeres refinadas, encerradas, con necesidades de absoluto, slo tenan que disear las recetas dictadas por las posibilidades de los mercados y su fantasa, mientras que un ejrcito de sirvientas trabajaba en su ejecucin. "La quemadura --imagina Calvino-- de las ms de cien variedades indgenas de pimientos sabiamente escogidos para cada plato, abra las perspectivas de un xtasis flamgero".

El mole oaxaqueo requiere, al menos, 31 ingredientes. Sor Juana Ins de la Cruz se ocup de l y en sus tiempos se preparaba con culantro tostado, cuatro dientes de ajo asados, cinco clavos, seis granitos de pimienta, canela y chiles pasillas tostados a la manteca; todo muy molido, puesto a frer con carne de puerco, chorizos y gallina y, una vez dispuesto, sazonado con ajonjol tostado. Gran trabajo para una salsa, que tiene, hoy, unas doscientas variedades.

El oaxaqueo se come tambin las flores: los ptalos de rosa, en nieve; las flores de frijol, en mole; las de calabaza, en empanadas; las de cacao, en el tejate; los claveles en conserva y las bugambilias en horchata. No puede haber mayor comunin con la naturaleza, mayor sentido potico de la existencia.

Vivir en Oaxaca es una experiencia esttica. Turistas y viajeros perciben rpidamente la fascinacin de Oaxaca. El cielo, la luz. Se recomienda visitar Monte Albn al atardecer, cuando las piedras adquieren un tono rojizo, las nubes aceleran su paso por la montaa y aumenta la gravedad del eco producido por la disposicin de los viejos templos. Arte en la naturaleza y en la ropa, la madera, el lienzo, la piedra y la comida. Y la gente, la memoria de siglos a travs de la gente. Mgica Oaxaca. Segn la vieja tradicin mesoamericana que rinde culto a Ometotl, el dios de la dualidad, el paraso ya ha sido dado a los hombres, pero para conquistarlo hace falta un esfuerzo personal. A veces uno ya est dispuesto: es capaz de sentir, percibir, descubrir, lugares como Oaxaca.



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