Oaxaca's Tourist Guide
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M. P. Blasco, España (10-05-1999)

Llegué a Oaxaca en unas vacaciones que sabía que jamás podría olvidar.

Oaxaca es un lugar tan acogedor que facilmente se olvidan las penas.Me acerqué al zocalo y a la Alameda, y sentí el bullicio de toda esa gente vendiendo artesanías, el olor de los puestos donde preparan tacos y de esos otros llenos de dulces. Había tanta gente que apenas se podía caminar por la plaza pero no importaba. Entre la gente llegué a la catredral que imponente preside la Alameda.

Me senté allí, en los porches cerca de la catedral, a tomar un café mientras llegaba a mí la música suave de guitarras, posiblemente de algún festejo local. Y el tiempo pasaba sin darme cuenta.

No se puede pasar por Oaxaca sin recorrer sus calles, más tranquilas que el zócalo, con preciosas casas de una altura. Parece como si el tiempo se hubiera detenido. Solo el ruido del trafico nos hace volver a la realidad. Pero hay una calle muy especial, cerrada al tráfico en algunos tramos; es la calle de Macedonio Alcalá. Empecé a recorrerla desde el Zócalo, contemplando sus casas señoriales de piedra, con grandes ventanales, casi hasta el suelo, protegidos con preciosas rejas de forja, (como se hace en los pueblos del sur de España). Hoy esas casas albergan museos, centros comerciales, restaurantes, etc, haciendo de esta una zona turística. Por suerte era noviembre y parecía que yo fuera la única turista de la ciudad y eso hacía que todavía me pareciera más hermosa. Entre todas las edificaciones de esta calle me llamó la atención la casa donde ahora se encuentra el museo de arte contemporáneo, que todavía conserva sobre la puerta el escudo de sus primeros dueños.

Un poco más adelante la calle se abre a una plaza dosde se levanta el magestuoso templo de Santo Domingo. En su interior me sorprendió una ornamentación donde destaca un curioso arbol genealógico y un precioso retablo. Es recargada pero magnífica y contrasta con el sobrio exterior. Ya fuera anochecía, y antes de partir me volví para ver el templo bajo el cielo azul a la luz de la luna.

De los alrededores de Oaxaca os contaré que vi el árbol del tule. No podía imaginar que algo así fuese real. Me dispuse ha hacer una foto de recuerdo, pero solo salió una parte del árbol, pues todo no cabía en el encuadre. De allí fuí a Mitla y recorriendo esta y otras zonas arqueológicas me dí cuenta que la gente que hizo estas construcciones debían tener amplios conocimientos de matemáticas, física, astronomía, etc (Tal vez más de los que hoy tenemos). Aquí, junto a la zona arqueológica hay una especie de mercadillo de artesanías donde no pude resistir ante los bordados, los sarapes y mantas de lana, silbatos de barro, y cien mil cosas más. Y para terminar subí a Monte Alban. Estar allí es como tocar el cielo, perece como si ya no pudieras estar más alto, como ya no existiera nada más. Paseando entre las distintas edificaciones y subiendo a algunas de ellas se puede observar todos los valles que se abren alrededor de esta zona arqueológica y nos damos cuenta de que aquel es un lugar de dioses.

Hace poco vi en televisión unas imágenes de Oaxaca, Monte Alban, Santa María el Tule, y pensé: ¡Yo estube allí! No fue un sueño. Volví a mirar las fotos de mi viaje una y otra vez recordando cada momento. Y me sentí muy afortunada por haber conocido todos esos lugares hermosos y esa gente tan estupenda. ¡Ojalá pueda volver pronto!

mpblasco@public.ibercaja.es
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